El teatro vuelve a ser un espectáculo de primera dimensión; recupera su valor, su antiguo brillo, entre otras razones, por su capacidad de crítica respecto a un mundo cada vez menos comprensible. Se vuelven a llenar las salas como antaño pese a la crisis, y entre los autores que vuelven a primera fila destaca Lorca; en su obra "El público" nos plantea un dilema; ¿Qué desea ver el público? ¿Qué es lo que busca cuando acude a un teatro? ¿Ficción o realidad? Podría ser que nos interese el como somos, es decir, el personaje, los papeles que desempeñamos en apariencia ante los demás;por contra, algunos estarían, tal vez, buscando lo que de verdad somos, lo oculto tras la apariencia, lo que no proyectamos a los demás en nuestra acción diaria pero la determina totalmente. Uno de los personajes afirma que debemos "Destruir el teatro o vivir en él", es decir, vivir en la apariencia o mostrarnos como realmente somos, sin tapujos ni prejuicios.El teatro casi siempre se centra en lo visible, es un reflejo de las máscaras y roles que desempeñamos, supone una autocrítica proyectando lo que somos en el escenarios, nuestra grandeza y nuestras miserias; dando a entender lo que somos realmente por lo que proyectamos o aparantamos ser. Tras lo paarente se oculta aquello que lo afecta, lo invisible en lo cotidiano. Desde el punto de vista freudiano podríamos decir que la obra intenta mostrar aquelo oculto, el inconsciente, que determina en gran manera nuestra vida consciente;por ello la obra de Lorca se ocupa de impulsos o instintos ocultos a los demás; como las "desviaciones" sexuales, la homosexualidad - representada en Dalí en la obra-, el odio, etc. Produce pavor saber como somos realmente.Lorca critica la reducción del teatro a mero espejo de la apariencia, y recrimina al público su complacencia al desear simplemente una caricatura festiva de sí mismo, no un análisis profundo y doloroso; se obvia aquello que determina nuestro verdadero yo - que bien sabemos que poco coincide con el que tienen los demás-y no somos conscientes que más importante que lo que muestra un hombre es lo que oculta. La frase clave para comprender la obra es que en ella se hace "un teatro debajo de la arena", centrado en aquello que nos determina sin mostrarse, en lo que se es, por doloroso que sea, no en lo que se aparenta ser.
miércoles, 24 de junio de 2009
miércoles, 8 de abril de 2009
BOSTON 1763/2009
Un buen día el Barón cayó en un agujero. Sin pensárselo dos veces se agarró por la espalda, y de un fuerte tirón se sacó… así funciona la Historia y su compleja maquinaria. El pasado se transforma en un “futuro” abierto e incierto que pone su mutación al servicio del diseño más elegante, de la más digerible o la más creativa de las interpretaciones. Un boceto eterno.
La tradición que supuestamente nos sustenta es modificable y con ella el presente mismo, infinito y maleable. El espíritu codifica una senda en el tiempo y la legitima. Pocock vuelve republicana la historia y la herencia del pensamiento atlántico; les da un padre y una madre, genera con su revisión de los acontecimientos y las ideas una nueva forma, una “Historia” que explica el presente y lo transforma al igual que al pasado mismo tensado siempre por lo por venir.
Es el fabuloso milagro, el don divino que nos ha sido legado, el de transformarlo todo y manipular incluso lo que ha ocurrido y parece clausurado para siempre. Ocurrirá de nuevo. Paine volverá a escribir sus panfletos con una intención, esta vez, diferente…las acciones no se agotan cuando se terminan; más bien comienzan ahí, en ese mágico conjuro que las vuelve infinitas… el hoplita de Maratón ha muerto ya de mil formas; su esencia como la nuestra no se resolverá jamás; nosotros como él tenemos por delante la extraña tarea de darnos origen y sentido permaneciendo inconclusos para toda la eternidad.
El 18 de abril de 1763, “The Boston Gazzete and Country Journal” publicó una carta firmada bajo las iniciales T. Q. Abría entonces, sin saberlo, un eterno dialogo sobre la revolución y su antídoto. La carta a la que me refiero disputaba sobre la viabilidad o no de la elección como miembro del Consejo o de la cámara alta del lieutenant governor según permitía la carta constitucional de Massachussets. Los argumentos que esgrimía Q. partían de una interpretación racionalista de las doctrinas de Montesquieu y su Espíritu de las Leyes. En ella la libertad se definía como la tranquilidad del espíritu que surgía de la opinión de cada hombre acerca de su propia seguridad, y que, según Q., únicamente se sustentaba bajo una división de poderes radical entendida no solo como una división de la soberanía sino como la imposibilidad total para una misma persona de ocupar varias funciones en los distintos poderes. La base de semejante interpretación descansaba en la presunción de un pesimismo antropológico y una idea negativa del poder entendido como fuente original de cualquier corrupción en las páginas de Montesquieu. Partiendo de esta lectura, Q. veía, merced a su abstracción, un peligro irremediable parta la libertad en la posibilidad de que una misma persona, muy a pesar de su bondad e integridad, ocupase puestos de relevancia tanto ejecutiva como legislativa. Sin embargo sus palabras hacían algo más; ponían en juego la posibilidad legítima para el individuo de delimitar aquello que amenazaba su libertad allende la historia o la costumbre; dotaba a la conciencia individual de la potestad última para decidir y remediar aquello que de alguna u otra forma la amenazaba.
Sin embargo alguien no estaba decidido a asumir todas las consecuencias revolucionarias de aquella lectura y contestaba bajo la inicial J. en “The Boston Evening Post” de 23 de mayo del mismo año con una carta que rebatía las teorías de Q. bajo el espectro historicista que había sustentado la costumbre como legitimidad absoluta. En su carta J. redefinía la idea de libertad política adscribiéndola al concepto dominante y limitador de la Law, impidiendo, en un ejercicio de reformulación de Montesquieu, la interpretación de la misma en clave iusnaturalista. J. no veía peligro en la elección del governor por varios motivos. Él leía a Montesquieu contextualizando sus logros teóricos y dibujándolos dentro del espectro de la constitución inglesa; gracias a esto, la historia podía demostrar cómo en Inglaterra, la intervención de una sola persona en varios cuerpos no había lesionado jamás la libertad (una libertad limitada semánticamente por el ejercicio que la constitución inglesa le permitía), en parte porque el individuo acababa siempre disuelto en la voluntad general del cuerpo del que era miembro, que a fin de cuentas y para J., era lo único que Montesquieu quería separar; y en parte porque el que una minoría fluctuara entre ellos no suponía un problema, ya que la historia lo corroboraba. Q. y su abstracción, sin embargo, cambiaban precisamente la fuente de legitimación de J., entendía los cuerpos como una composición de individuos influenciables, una especie de cuerpo atómico en el que cada pequeña partícula detentaba de forma absoluta el poder y podía de alguna u otra forma transformar el de los demás. En su respuesta de 6 de junio establecía contra la historia la incongruencia de pensar que la división de poderes podía sostenerse tan solo con la división de las distintas mayorías. Si la suma de individuos del ejecutivo en el legislativo suponía a largo plazo en el argumento de J. un problema; la sola presencia de un solo individuo ya viciaba para Q. y su razón, el propio sistema. Lo que la historia de Inglaterra veía lógico se convertía en las líneas de Q. en una aberración del principio de razón y conservación de la libertad. Como Paine haría más tarde en Common Sense, las palabras de Q. contenían la posibilidad de ver en las prerrogativas del rey no ya un control necesario y legítimo, sino una usurpación transformada en tiranía. El control de los poderes era ya racional en Q, no histórico; la labor del ejecutivo dentro del legislativo era la de rejection y nunca la de tomar parte activa en las resolutions; sus cartas suponen el germen de la conciencia revolucionaria, la posibilidad última de poner en entredicho el ejercicio tiránico del rey, el germen de la revisión, el empujón del Barón.
En Boston tres cartas conjugaban los destinos de muchos, perfilaban el nacimiento o la disolución de una nación. Qué voluntad nueva surgirá de tu diálogo lector, que Historia subyace en este espacio en el que tú y yo hablamos. Que presente construimos y cual rechazamos en estos extraños segundos.
La tradición que supuestamente nos sustenta es modificable y con ella el presente mismo, infinito y maleable. El espíritu codifica una senda en el tiempo y la legitima. Pocock vuelve republicana la historia y la herencia del pensamiento atlántico; les da un padre y una madre, genera con su revisión de los acontecimientos y las ideas una nueva forma, una “Historia” que explica el presente y lo transforma al igual que al pasado mismo tensado siempre por lo por venir.
Es el fabuloso milagro, el don divino que nos ha sido legado, el de transformarlo todo y manipular incluso lo que ha ocurrido y parece clausurado para siempre. Ocurrirá de nuevo. Paine volverá a escribir sus panfletos con una intención, esta vez, diferente…las acciones no se agotan cuando se terminan; más bien comienzan ahí, en ese mágico conjuro que las vuelve infinitas… el hoplita de Maratón ha muerto ya de mil formas; su esencia como la nuestra no se resolverá jamás; nosotros como él tenemos por delante la extraña tarea de darnos origen y sentido permaneciendo inconclusos para toda la eternidad.
El 18 de abril de 1763, “The Boston Gazzete and Country Journal” publicó una carta firmada bajo las iniciales T. Q. Abría entonces, sin saberlo, un eterno dialogo sobre la revolución y su antídoto. La carta a la que me refiero disputaba sobre la viabilidad o no de la elección como miembro del Consejo o de la cámara alta del lieutenant governor según permitía la carta constitucional de Massachussets. Los argumentos que esgrimía Q. partían de una interpretación racionalista de las doctrinas de Montesquieu y su Espíritu de las Leyes. En ella la libertad se definía como la tranquilidad del espíritu que surgía de la opinión de cada hombre acerca de su propia seguridad, y que, según Q., únicamente se sustentaba bajo una división de poderes radical entendida no solo como una división de la soberanía sino como la imposibilidad total para una misma persona de ocupar varias funciones en los distintos poderes. La base de semejante interpretación descansaba en la presunción de un pesimismo antropológico y una idea negativa del poder entendido como fuente original de cualquier corrupción en las páginas de Montesquieu. Partiendo de esta lectura, Q. veía, merced a su abstracción, un peligro irremediable parta la libertad en la posibilidad de que una misma persona, muy a pesar de su bondad e integridad, ocupase puestos de relevancia tanto ejecutiva como legislativa. Sin embargo sus palabras hacían algo más; ponían en juego la posibilidad legítima para el individuo de delimitar aquello que amenazaba su libertad allende la historia o la costumbre; dotaba a la conciencia individual de la potestad última para decidir y remediar aquello que de alguna u otra forma la amenazaba.
Sin embargo alguien no estaba decidido a asumir todas las consecuencias revolucionarias de aquella lectura y contestaba bajo la inicial J. en “The Boston Evening Post” de 23 de mayo del mismo año con una carta que rebatía las teorías de Q. bajo el espectro historicista que había sustentado la costumbre como legitimidad absoluta. En su carta J. redefinía la idea de libertad política adscribiéndola al concepto dominante y limitador de la Law, impidiendo, en un ejercicio de reformulación de Montesquieu, la interpretación de la misma en clave iusnaturalista. J. no veía peligro en la elección del governor por varios motivos. Él leía a Montesquieu contextualizando sus logros teóricos y dibujándolos dentro del espectro de la constitución inglesa; gracias a esto, la historia podía demostrar cómo en Inglaterra, la intervención de una sola persona en varios cuerpos no había lesionado jamás la libertad (una libertad limitada semánticamente por el ejercicio que la constitución inglesa le permitía), en parte porque el individuo acababa siempre disuelto en la voluntad general del cuerpo del que era miembro, que a fin de cuentas y para J., era lo único que Montesquieu quería separar; y en parte porque el que una minoría fluctuara entre ellos no suponía un problema, ya que la historia lo corroboraba. Q. y su abstracción, sin embargo, cambiaban precisamente la fuente de legitimación de J., entendía los cuerpos como una composición de individuos influenciables, una especie de cuerpo atómico en el que cada pequeña partícula detentaba de forma absoluta el poder y podía de alguna u otra forma transformar el de los demás. En su respuesta de 6 de junio establecía contra la historia la incongruencia de pensar que la división de poderes podía sostenerse tan solo con la división de las distintas mayorías. Si la suma de individuos del ejecutivo en el legislativo suponía a largo plazo en el argumento de J. un problema; la sola presencia de un solo individuo ya viciaba para Q. y su razón, el propio sistema. Lo que la historia de Inglaterra veía lógico se convertía en las líneas de Q. en una aberración del principio de razón y conservación de la libertad. Como Paine haría más tarde en Common Sense, las palabras de Q. contenían la posibilidad de ver en las prerrogativas del rey no ya un control necesario y legítimo, sino una usurpación transformada en tiranía. El control de los poderes era ya racional en Q, no histórico; la labor del ejecutivo dentro del legislativo era la de rejection y nunca la de tomar parte activa en las resolutions; sus cartas suponen el germen de la conciencia revolucionaria, la posibilidad última de poner en entredicho el ejercicio tiránico del rey, el germen de la revisión, el empujón del Barón.
En Boston tres cartas conjugaban los destinos de muchos, perfilaban el nacimiento o la disolución de una nación. Qué voluntad nueva surgirá de tu diálogo lector, que Historia subyace en este espacio en el que tú y yo hablamos. Que presente construimos y cual rechazamos en estos extraños segundos.
lunes, 30 de marzo de 2009
LA CIUDAD DE DIOS
Nos movemos jurídicamente bajo la amenaza constitucional del direccionismo. La solución al estado liberal de derecho decimonónico y su aberrante disolución del pueblo en el concepto histórico de nación así como de los derechos en la soberanía del estado, mantiene, en su síntesis de las dos revoluciones del siglo dieciocho, el germen del arbitrio. No siempre la síntesis es el final del proceso o su mejor formulación; en nuestro caso, la fusión de la constitución como norma de garantía (fórmula americana) y como norma de “dirección” (fórmula francesa), introduce el problema fundamental de quién debe poseer la responsabilidad de construir la trayectoria ideológica y operativa para el futuro y la paz social, y de quién controla dicho poder. Si bien la revolución americana y su historicismo de base no derivó en un proyecto para el futuro como en cambió si surgiría de las distintas interpretaciones de la revolución francesa y su estatalismo, aquella supo mantener la solidez social partiendo de el supuesto republicano cedido por Harrington (Pocock) de la virtud pública de la ciudadanía y de la tradición como control y equilibrio en lugar del Estado. Sin embargo, del lado continental, y en parte debido precisamente a la historia que nos subyace, la virtud pública ha aparecido siempre como una excepción (caso del mito de Venecia) y como un fin que tutelar, bien desde el Estado, bien desde la constitución misma.
Si Burke criticó a los franceses su intención de reconstruir racionalmente la sociedad partiendo de una especie de idealismo, platónico o cartesiano, que obviaba una textura social que no admitía semejante incisión en su cuerpo; Europa, ha mal seguido el camino de Paine, y ha pretendido defender los derechos naturales instituyendo jurídicamente una dirección a la forma del Estado, bien en el propio Estado con la idea de nación histórica o como en la actualidad con la obligatoriedad de dirigirnos a la paz, impedida de historia para asumir el modelo federalista capaz de unir a la costumbre y la tradición como estructura inamovible (Ancient constitution) el concepto individualista de derecho natural que elimina la posibilidad de la tiranía legislativa. El problema es que para Europa no existe una norma trascendente que sirva de garantía para el contenido de semejante obligación constitucional. No vale decir que la propia sociedad es el límite al modo medieval o que la propia nación entendida históricamente podría servir de freno pues su polarización en los partidos nacionales fue precisamente el detonante del deterioro de semejante utopía de unidad. ¿Cómo hacerlo entonces? Alguien en España empieza a tener una idea me temo. Si bien la política no puede movilizar la dirección pues siempre es sospechosa y facciosa, la ética sí puede hacerlo, y una entre todas ellas está aglutinando toda la fuerza “constituyente” para erigirse en legítimo sujeto capaz de exigir al poder modificaciones hasta acabar convirtiéndose en una especie de control constitucional y social con posibilidad de institucionalizarse. Si esta acción social se institucionalizara no se podría ya impedir socialmente como ocurriría en EEUU, sino mediante un enfrentamiento interno y una disolución de las garantías constitucionales, así que hay que cortarla de raíz o será demasiado tarde.
Aún desamparados constitucionalmente tenemos las herramientas de presión dentro de la educación misma. De hecho, la única vía de solución sería restituir lo que la historia y sus interpretes han gestionado de manera tan nefasta generando una conciencia ciudadana entendida de forma republicana como fundamento de la sociedad capaz de auto dirigirse en los asuntos del bienestar social; creando una ética democrática que parta de la defensa iusnaturalista de los derechos, pero que solo se disuelva en la garantía del equilibrio de poder y no en la asunción de la dirección por parte de la constitución. Amen de ser parcial, y lo es, lo único que se pretende es contrarrestar a la parte opuesta, esa que pretende imponer a la sociedad el camino cristiano de salvación a través de la presión ideológica y del desgaste continuo que impone sobre las instituciones y las decisiones gubernamentales. Repito, desamparados constitucionalmente solo podemos elaborar el control y el equilibrio sumando más facción y diluyendo la posibilidad de una institucionalización así como convirtiendo a la ciudadanía en esa institución virtual de control social para los ejercicios públicos de poder una vez esté equilibrada. Es la hora de poner freno a esa Ciudad de Dios agustiniana que se está gestando en la antesala del espacio público y que militante aguarda el momento clave para erigirse en el Pater de ese efecto colateral de la revolución francesa y por defecto de la visión negativa de la tradición feudal de garantizar el futuro, la paz y la “salvación” social. La teleología de algunos solo puede volverse mecanicismo con más teleología.
Si Burke criticó a los franceses su intención de reconstruir racionalmente la sociedad partiendo de una especie de idealismo, platónico o cartesiano, que obviaba una textura social que no admitía semejante incisión en su cuerpo; Europa, ha mal seguido el camino de Paine, y ha pretendido defender los derechos naturales instituyendo jurídicamente una dirección a la forma del Estado, bien en el propio Estado con la idea de nación histórica o como en la actualidad con la obligatoriedad de dirigirnos a la paz, impedida de historia para asumir el modelo federalista capaz de unir a la costumbre y la tradición como estructura inamovible (Ancient constitution) el concepto individualista de derecho natural que elimina la posibilidad de la tiranía legislativa. El problema es que para Europa no existe una norma trascendente que sirva de garantía para el contenido de semejante obligación constitucional. No vale decir que la propia sociedad es el límite al modo medieval o que la propia nación entendida históricamente podría servir de freno pues su polarización en los partidos nacionales fue precisamente el detonante del deterioro de semejante utopía de unidad. ¿Cómo hacerlo entonces? Alguien en España empieza a tener una idea me temo. Si bien la política no puede movilizar la dirección pues siempre es sospechosa y facciosa, la ética sí puede hacerlo, y una entre todas ellas está aglutinando toda la fuerza “constituyente” para erigirse en legítimo sujeto capaz de exigir al poder modificaciones hasta acabar convirtiéndose en una especie de control constitucional y social con posibilidad de institucionalizarse. Si esta acción social se institucionalizara no se podría ya impedir socialmente como ocurriría en EEUU, sino mediante un enfrentamiento interno y una disolución de las garantías constitucionales, así que hay que cortarla de raíz o será demasiado tarde.
Aún desamparados constitucionalmente tenemos las herramientas de presión dentro de la educación misma. De hecho, la única vía de solución sería restituir lo que la historia y sus interpretes han gestionado de manera tan nefasta generando una conciencia ciudadana entendida de forma republicana como fundamento de la sociedad capaz de auto dirigirse en los asuntos del bienestar social; creando una ética democrática que parta de la defensa iusnaturalista de los derechos, pero que solo se disuelva en la garantía del equilibrio de poder y no en la asunción de la dirección por parte de la constitución. Amen de ser parcial, y lo es, lo único que se pretende es contrarrestar a la parte opuesta, esa que pretende imponer a la sociedad el camino cristiano de salvación a través de la presión ideológica y del desgaste continuo que impone sobre las instituciones y las decisiones gubernamentales. Repito, desamparados constitucionalmente solo podemos elaborar el control y el equilibrio sumando más facción y diluyendo la posibilidad de una institucionalización así como convirtiendo a la ciudadanía en esa institución virtual de control social para los ejercicios públicos de poder una vez esté equilibrada. Es la hora de poner freno a esa Ciudad de Dios agustiniana que se está gestando en la antesala del espacio público y que militante aguarda el momento clave para erigirse en el Pater de ese efecto colateral de la revolución francesa y por defecto de la visión negativa de la tradición feudal de garantizar el futuro, la paz y la “salvación” social. La teleología de algunos solo puede volverse mecanicismo con más teleología.
sábado, 28 de marzo de 2009
EL HUESO Y LA VERGÜENZA
Hoy alguien se agarró a Descartes y se deshizo de la tragedia. Cedió al cuerpo el infinito y cruel destino de las leyes de la materia y dejó al alma inmortal seguir en la eternidad cifrando mundos, certezas y principios inamovibles. Hoy alguien creyó en Platón y le volvió la sonrisa. El conjuro de las ideas volatilizó a sus seres queridos; los transformó en angélicos espectros. Ahora los imaginan allende la materia, trascendiendo las torpes normas que le intuimos a la naturaleza. En paz para siempre. Alguien continua padeciendo la perdida infinita desgarrando su corazón hasta dejarlo sin fuerza…es la contrapartida de aquellos que no creen ni en la res extensa, ni en la res cogitans
Trillo debe haber leído mucho a Descartes para dormir tranquilo; adoctrinado en una suerte de platonismo a lo Tomás de Aquino no ve problema alguno en la confusión y mezcla infame de los cadáveres de aquellos que perdieron la vida en el Yak-42; sus almas descansan en paz se repite, no se de qué se preocupan.
Ahora lo entiendo todo. La moral del facha hijodeputa descansa en la certeza de que nuestra alma emigra bien al cielo, bien al infierno si corres la suerte de ser musulmán; y es por eso que su conciencia no les castiga si conducen a un país a una guerra genocida o si la ineficacia vuelta corrupción conduce las vidas de unos inocentes a una muerte segura en un avión de mala muerte. A fin de cuentas sus almas irán al cielo y santas pascuas. Los cuerpos solo importan cuando son los de la gente de bien, por eso su padre ideológico reposa en una montaña con una cruz muy grande. ¡Que se vea! Eso, eso, que se vea bien para que yo pueda divisarla y maldecirla y encontrar bien el camino para llegar y derribarla y decirle a más de un Trillo y a más de dos que los desprecio como al más vil de los asesinos porque eso es lo que son.
Para algunos lo más cerca que se puede estar de la trascendencia es el tacto. Para algunos el alma no está más allá del rostro y la epidermis; descansa en el cuerpo vuelto incalculable y finito tesoro, ávido de fiel custodio que lo proteja aún a cuenta de su vida: el cuerpo de tu novia, el de tu padre, el de tu hijo, el de tus amigos; un guardián que no permita que nadie los insulte, que nadie los cosifique…sus bellos cuerpos llenos de alma vuelta arterias y articulaciones. Esa íntima razón los obliga a darles justo entierro; porque no se trata de preparar su camino al más allá, ni de cumplir con la divinidad; sino de saber si su organismo se transformó en seco polvo o repentina hiedra; en breve oleaje en el mar, el aire o la tierra. Porque se adquiere entonces el derecho de tocar las cosas que crees guardan sus palabras, sus chistes y sus besos. Las familias de los fallecidos en el Yak-42 aguardan aún el encuentro y la despedida. Algunas han perdido para siempre el último abrazo. Sus miradas esconden un dolor indescriptible; un dolor que agudiza la altivez con la que un general describe la fechoría; la indiferencia con la que un ex ministro y un ex presidente del gobierno se desentienden del asunto.
Solo espero que un día de estos la derecha de este país despierte desnuda de Descartes, y se les atragante la bandera.
Trillo debe haber leído mucho a Descartes para dormir tranquilo; adoctrinado en una suerte de platonismo a lo Tomás de Aquino no ve problema alguno en la confusión y mezcla infame de los cadáveres de aquellos que perdieron la vida en el Yak-42; sus almas descansan en paz se repite, no se de qué se preocupan.
Ahora lo entiendo todo. La moral del facha hijodeputa descansa en la certeza de que nuestra alma emigra bien al cielo, bien al infierno si corres la suerte de ser musulmán; y es por eso que su conciencia no les castiga si conducen a un país a una guerra genocida o si la ineficacia vuelta corrupción conduce las vidas de unos inocentes a una muerte segura en un avión de mala muerte. A fin de cuentas sus almas irán al cielo y santas pascuas. Los cuerpos solo importan cuando son los de la gente de bien, por eso su padre ideológico reposa en una montaña con una cruz muy grande. ¡Que se vea! Eso, eso, que se vea bien para que yo pueda divisarla y maldecirla y encontrar bien el camino para llegar y derribarla y decirle a más de un Trillo y a más de dos que los desprecio como al más vil de los asesinos porque eso es lo que son.
Para algunos lo más cerca que se puede estar de la trascendencia es el tacto. Para algunos el alma no está más allá del rostro y la epidermis; descansa en el cuerpo vuelto incalculable y finito tesoro, ávido de fiel custodio que lo proteja aún a cuenta de su vida: el cuerpo de tu novia, el de tu padre, el de tu hijo, el de tus amigos; un guardián que no permita que nadie los insulte, que nadie los cosifique…sus bellos cuerpos llenos de alma vuelta arterias y articulaciones. Esa íntima razón los obliga a darles justo entierro; porque no se trata de preparar su camino al más allá, ni de cumplir con la divinidad; sino de saber si su organismo se transformó en seco polvo o repentina hiedra; en breve oleaje en el mar, el aire o la tierra. Porque se adquiere entonces el derecho de tocar las cosas que crees guardan sus palabras, sus chistes y sus besos. Las familias de los fallecidos en el Yak-42 aguardan aún el encuentro y la despedida. Algunas han perdido para siempre el último abrazo. Sus miradas esconden un dolor indescriptible; un dolor que agudiza la altivez con la que un general describe la fechoría; la indiferencia con la que un ex ministro y un ex presidente del gobierno se desentienden del asunto.
Solo espero que un día de estos la derecha de este país despierte desnuda de Descartes, y se les atragante la bandera.
viernes, 20 de marzo de 2009
EN LAS PALABRAS
He fatigado las palabras en un ingenuo intento por contenerte en la metáfora; por dibujarte en la correosa sintaxis. Apresurado, he limitado el inagotable páramo con una torpe semántica que apenas si te me trae breve, nebulosa, vuelta oscuro espectro, ajeno fantasma. Obligado por la ignorancia a hacerte émula de la rosa y la mañana, he creído, engañado, ver de nuevo tu llegada… esa en la que se esconde tu extraña forma de quererme; esa en la que adivino tu infame traición; esa en la que me vuelvo hiena o cobarde y sigo hasta besarte, hasta volverme anticipada víctima, ceremonioso cadáver.
He transformado cada gesto en alquímica hipérbole, cada recuerdo en insospechado adjetivo. En el sintagma he escondido la vergüenza y me he vuelto fortaleza y castillo dándole la vuelta al tiempo, empezándote de nuevo. Otra vez el encuentro fortuito, la mirada cómplice… otra vez tú, lejos de la mascara, lejos del impostor, deshaciendo la frontera, tomando forma en la prosa, revistiendo la página de carne y vasos capilares… de lejos sesteo el grito, inmolo el tacto, precipito la cordura y te acaricio en una improvisada perífrasis, en un insólito conjuro.
Es la noche y las calles. Las cosas que te dan la voz, las que manipulan el adverbio que surge repentino. Allí nos encontramos; en el tiempo ajeno; en el espacio del nombre. Escribo suave nuestra historia, imagino sus efímeros avatares…y de nuevo la fragancia, la risa, y la inocencia petrificada en la comparación, en la hierba danzando el azote del céfiro.
Las palabras son las que te trajeron; son las que te devuelven. Te adivino en el vertiginoso verbo, en la frase cerrada. Te desnudo en la violencia de los párrafos que cantan la ruina. Y tu cuerpo se retuerce; soy yo ¿sabés? Soy yo amándote en la oscuridad, en el ritmo y el color…soy yo…un lenguaje imperfecto, un canto desesperado que te busca.
En el cadalso extraño de los días sin ti he perpetrado un único lugar donde te vuelves de mi lado, donde caminas resuelta a decirme, donde me vuelvo parte de tu vida… por entre las comas y los silencios se vuelve eco todo lo que fuimos, se cifra el sonido de lo que seremos. Acá sigo conjugando el cuerpo, rememorando el calor, la saliva y la liturgia. Forzando el verso para verte; trasnochando en los retruécanos para sentirte. En el rumor breve de las cosas he escondido silencioso mi te quiero. Quebrando la distancia para siempre. Haciéndote mia en las palabras.
He transformado cada gesto en alquímica hipérbole, cada recuerdo en insospechado adjetivo. En el sintagma he escondido la vergüenza y me he vuelto fortaleza y castillo dándole la vuelta al tiempo, empezándote de nuevo. Otra vez el encuentro fortuito, la mirada cómplice… otra vez tú, lejos de la mascara, lejos del impostor, deshaciendo la frontera, tomando forma en la prosa, revistiendo la página de carne y vasos capilares… de lejos sesteo el grito, inmolo el tacto, precipito la cordura y te acaricio en una improvisada perífrasis, en un insólito conjuro.
Es la noche y las calles. Las cosas que te dan la voz, las que manipulan el adverbio que surge repentino. Allí nos encontramos; en el tiempo ajeno; en el espacio del nombre. Escribo suave nuestra historia, imagino sus efímeros avatares…y de nuevo la fragancia, la risa, y la inocencia petrificada en la comparación, en la hierba danzando el azote del céfiro.
Las palabras son las que te trajeron; son las que te devuelven. Te adivino en el vertiginoso verbo, en la frase cerrada. Te desnudo en la violencia de los párrafos que cantan la ruina. Y tu cuerpo se retuerce; soy yo ¿sabés? Soy yo amándote en la oscuridad, en el ritmo y el color…soy yo…un lenguaje imperfecto, un canto desesperado que te busca.
En el cadalso extraño de los días sin ti he perpetrado un único lugar donde te vuelves de mi lado, donde caminas resuelta a decirme, donde me vuelvo parte de tu vida… por entre las comas y los silencios se vuelve eco todo lo que fuimos, se cifra el sonido de lo que seremos. Acá sigo conjugando el cuerpo, rememorando el calor, la saliva y la liturgia. Forzando el verso para verte; trasnochando en los retruécanos para sentirte. En el rumor breve de las cosas he escondido silencioso mi te quiero. Quebrando la distancia para siempre. Haciéndote mia en las palabras.
lunes, 16 de marzo de 2009
Discurso del rey Leopoldo II en la llegada de los primeros misioneros al Congo.
Reverendos y queridos compatriotas; la tarea que se nos ha confiado cumplir es muy delicada y demanda mucho tacto. Estáis aquí para evangelizar pero os debéis inspirar para ello ante todo en los intereses de Bélgica.
El fin principal de nuestra misión en el Congo no es enseñar a los negros a conocer a Dios, pues ya lo hacen: ellos hablan y se someten a Mungu, Nzambe, Nzamkoba, y que sé yo. Saben que matar, acostarse con la mujer de otro, calumniar y agredir es malo, incorrecto. Tengamos el coraje de decirlo, no vais a enseñarle algo que ya conocen. Vuestro fin principal es facilitar las tareas a los administradores y los empresarios. Para ellos debéis interpretar el evangelio de la forma que más beneficie nuestros intereses en esta parte del mundo. Para hacerlo deberéis, entre otras cosas, fomentar el desinterés entre los salvajes por las riquezas ocultándolas bajo el suelo si es necesario; así evitamos la tentación de convertirse en asesino por ellas y que sueñen desalojarnos para obtenerlas. Vuestro conocimiento del evangelio os permitirá encontrar fácilmente textos para que los fieles amen la pobreza. Como por ejemplo: “Dichosos los pobres, pues el reino de los cielos es para ellos” o “Es tan difícil que los pobres entren al reino del cielo como que un caballo pase por el ojo de una aguja”. Debéis eliminar y hacerles despreciar todo aquello que pueda llevarlos a enfrentarse a nosotros. Haced que tengan miedo a enriquecerse, pues no irían al cielo.
Hago también alusión aquí a sus fetiches de guerra que no pretenden abandonar, pero que debéis poneros manos a la obra para que desaparezcan. Vuestra acción debe centrarse sobretodo en los jóvenes para que ellos no se rebelen y se opongan a sus padres si éstos deciden hacerlo. Los niños deben aprender a obedecer aquello que ordena el misionero, que es el padre de su alma.
Insistid particularmente en la sumisión y la obediencia; evitad desarrollar el espíritu en las escuelas; enseñad a escribir, a creer, no a razonar. Estos son, queridos compatriotas, los principios que aplicareis. Encontrareis otros muchos en los libros que os serán dados al final de la conferencia.
Evangelizad a los negros para que ellos permanezcan siempre sumisos a los colonizadores blancos, para que no se rebelen jamás contra las obligaciones que les harán sufrir. Hacedles recitar cada vez “Dichosos los pobres que lloran, pues el reino de los cielos es para ellos”.
Los empresarios y los administradores se verán obligados de vez en cuando a recurrir a la violencia, a insultar, golpear, para hacerse respetar. No deberá permitirse que recurran a la violencia, a la venganza. Para ello, les enseñareis e incitareis, por todos los medios, a seguir el ejemplo de todos los santos que han puesto la otra mejilla, que han perdonado las ofensas, que han recibido salivazos sin estremecerse ni responder a la agresión.
Mantened a sus mujeres nueve meses en la misión para que trabajen gratuitamente nueve meses para vosotros. Convencedles de que deben ofreceros cabras, pollos y huevos cada vez que visitéis sus aldeas.
Hacedles pagar cada semana unas tasas en la misa del domingo. Desviad este dinero, supuestamente para los pobres, para abrir tiendas importantes donde estéis: para misiones, feligreses, fiscales, etc. Transformad vuestras misiones en grandes centros comerciales; ayudad ligeramente a los pobres para animar a los otros a pagar regularmente.
Pedidles que mueran de hambre si es necesario, y vosotros comed cinco veces al día o más con el fin de que vuestros vientres estén siempre llenos de buenas cosas y de que de vuestras bocas emanen olor a cebolla.
Estableced un sistema de confesión que os haga buenos detectores de todo negro que tome conciencia o quiera reivindicar la independencia.
Enseñadles una doctrina que vosotros mismos no cumplís en la práctica; puede ser que os digan que por qué os comportáis en contra de lo que predicáis; respondedles que sigan lo que decís no lo que hacéis. Si ellos replican que una fe sin actos es una fe muerta, responded: “Dichosos aquellos que creen sin haber visto; ellos serán hijos de Dios”.
Decidles que las estatuas que guardan son obra de Satán. Confiscadlas para completar nuestros museos de Ternere y el Vaticano. Hacedles olvidar sus ancestros para que recuerden y adoren los nuestros; Santa María, San Andrés, San Juan, Santa Teresa, etc.
No ofreced jamás una silla a un negro que venga a veros. Dadle siempre un cigarro. No cenéis juntos sino matan un pollo cada vez que los visitais en casa. Considerad a los negros unos niños que se engañaban a sí mismos cuando eran independientes. Exigid que os llamen siempre “Mi padre”.
Blasfemad y acusadlos de comunismo y de persecución religiosa si ellos os demandan que ceséis de engañarlos y explotarlos.
Leopoldville, El 12 de enero de 1883.
Este texto ha sido transmitido por Moukouani-Bokoko, nacido en 1915. Obtuvo este texto por azar en 1935; trabajaba de enfermero en Kwamuth (Congo) donde compró una Biblia. Este texto se encontraba en esa Biblia que un misionero había olvidado por descuido. Archivos de CRL/PL.
En el texto buena parte del contenido aparece dividido en puntos numerados; he optado por integrarlos en un sólo texto, de ahí los saltos de ideas y contenidos.
Traducción del texto: Jesús Curado.
El fin principal de nuestra misión en el Congo no es enseñar a los negros a conocer a Dios, pues ya lo hacen: ellos hablan y se someten a Mungu, Nzambe, Nzamkoba, y que sé yo. Saben que matar, acostarse con la mujer de otro, calumniar y agredir es malo, incorrecto. Tengamos el coraje de decirlo, no vais a enseñarle algo que ya conocen. Vuestro fin principal es facilitar las tareas a los administradores y los empresarios. Para ellos debéis interpretar el evangelio de la forma que más beneficie nuestros intereses en esta parte del mundo. Para hacerlo deberéis, entre otras cosas, fomentar el desinterés entre los salvajes por las riquezas ocultándolas bajo el suelo si es necesario; así evitamos la tentación de convertirse en asesino por ellas y que sueñen desalojarnos para obtenerlas. Vuestro conocimiento del evangelio os permitirá encontrar fácilmente textos para que los fieles amen la pobreza. Como por ejemplo: “Dichosos los pobres, pues el reino de los cielos es para ellos” o “Es tan difícil que los pobres entren al reino del cielo como que un caballo pase por el ojo de una aguja”. Debéis eliminar y hacerles despreciar todo aquello que pueda llevarlos a enfrentarse a nosotros. Haced que tengan miedo a enriquecerse, pues no irían al cielo.
Hago también alusión aquí a sus fetiches de guerra que no pretenden abandonar, pero que debéis poneros manos a la obra para que desaparezcan. Vuestra acción debe centrarse sobretodo en los jóvenes para que ellos no se rebelen y se opongan a sus padres si éstos deciden hacerlo. Los niños deben aprender a obedecer aquello que ordena el misionero, que es el padre de su alma.
Insistid particularmente en la sumisión y la obediencia; evitad desarrollar el espíritu en las escuelas; enseñad a escribir, a creer, no a razonar. Estos son, queridos compatriotas, los principios que aplicareis. Encontrareis otros muchos en los libros que os serán dados al final de la conferencia.
Evangelizad a los negros para que ellos permanezcan siempre sumisos a los colonizadores blancos, para que no se rebelen jamás contra las obligaciones que les harán sufrir. Hacedles recitar cada vez “Dichosos los pobres que lloran, pues el reino de los cielos es para ellos”.
Los empresarios y los administradores se verán obligados de vez en cuando a recurrir a la violencia, a insultar, golpear, para hacerse respetar. No deberá permitirse que recurran a la violencia, a la venganza. Para ello, les enseñareis e incitareis, por todos los medios, a seguir el ejemplo de todos los santos que han puesto la otra mejilla, que han perdonado las ofensas, que han recibido salivazos sin estremecerse ni responder a la agresión.
Mantened a sus mujeres nueve meses en la misión para que trabajen gratuitamente nueve meses para vosotros. Convencedles de que deben ofreceros cabras, pollos y huevos cada vez que visitéis sus aldeas.
Hacedles pagar cada semana unas tasas en la misa del domingo. Desviad este dinero, supuestamente para los pobres, para abrir tiendas importantes donde estéis: para misiones, feligreses, fiscales, etc. Transformad vuestras misiones en grandes centros comerciales; ayudad ligeramente a los pobres para animar a los otros a pagar regularmente.
Pedidles que mueran de hambre si es necesario, y vosotros comed cinco veces al día o más con el fin de que vuestros vientres estén siempre llenos de buenas cosas y de que de vuestras bocas emanen olor a cebolla.
Estableced un sistema de confesión que os haga buenos detectores de todo negro que tome conciencia o quiera reivindicar la independencia.
Enseñadles una doctrina que vosotros mismos no cumplís en la práctica; puede ser que os digan que por qué os comportáis en contra de lo que predicáis; respondedles que sigan lo que decís no lo que hacéis. Si ellos replican que una fe sin actos es una fe muerta, responded: “Dichosos aquellos que creen sin haber visto; ellos serán hijos de Dios”.
Decidles que las estatuas que guardan son obra de Satán. Confiscadlas para completar nuestros museos de Ternere y el Vaticano. Hacedles olvidar sus ancestros para que recuerden y adoren los nuestros; Santa María, San Andrés, San Juan, Santa Teresa, etc.
No ofreced jamás una silla a un negro que venga a veros. Dadle siempre un cigarro. No cenéis juntos sino matan un pollo cada vez que los visitais en casa. Considerad a los negros unos niños que se engañaban a sí mismos cuando eran independientes. Exigid que os llamen siempre “Mi padre”.
Blasfemad y acusadlos de comunismo y de persecución religiosa si ellos os demandan que ceséis de engañarlos y explotarlos.
Leopoldville, El 12 de enero de 1883.
Este texto ha sido transmitido por Moukouani-Bokoko, nacido en 1915. Obtuvo este texto por azar en 1935; trabajaba de enfermero en Kwamuth (Congo) donde compró una Biblia. Este texto se encontraba en esa Biblia que un misionero había olvidado por descuido. Archivos de CRL/PL.
En el texto buena parte del contenido aparece dividido en puntos numerados; he optado por integrarlos en un sólo texto, de ahí los saltos de ideas y contenidos.
Traducción del texto: Jesús Curado.
viernes, 27 de febrero de 2009
Habitar la historia.
Américo Castro nos reprocha que no habitemos la historia, que nos guiemos por cuentos y visiones parciales y sesgadas por la ignorancia y el interés, unidos constante y fatalmente en todo lo español. Hay algunos libros como el de González Ferrín, “Historia General de Al-Andalus” que nos hacen revisitarla y revisionarla para sentirnos más cercanos a la verdad, o al menos un poco más lejos de la ignorancia y el desconocimiento. Nada más dañino para un pueblo que dar la espalda a una parte de su historia, que construir su identidad obviando una parte elemental de su vida e historia. Lo religioso-católico, elemento español por antonomasia desde hace 500 años, es un veneno actual para nuestra sociedad, una limitación constante del recuerdo de un pasado rechazado por extraño que no por ajeno.
El moro dejó un tesoro escondido; hacerlo patente, nuestro, sería eliminar el enemigo sobre el que los extremistas dicen que se construyó España; si hacemos de lo opuesto una parte nuestra damos un vuelco a nuestra identidad, la enriquecemos, y revitalizamos. La memoria colectiva sigue empeñada sigue empeñada trágicamente en desdeñar 8 siglos de nuestra historia; otro como Aznar en el colmo de la ignorancia piden una disculpa por la “ocupación” islámica; más bien debemos una disculpa por nuestra intolerancia, matanzas de judíos y expulsiones; que todo político obvia como parte de España, la mal llamada de las tres culturas. Combatid la amnesia y no perded una parte de nosotros. Voy a poner mi grano de arena comentando una serie de ideas que alumbran una visión más realista de la historia de Al-Andalus:
- Al-Andalus es una sola cultura, la andalusí, no tres, y con un solo lenguaje, el árabe.
- Al-Andalus no es sólo Andalucía, también lo son Zaragoza, Portugal, Toledo, Baleares, etc.
- La conquista no se produjo en el año 711, pues no había un ejército islámico como tal. En ése año se produjo un movimiento de invasión no árabe, en el 850 el inicio de la cultura andalusí, y en 950 la completa arabización e islamización de Al-Andalus.
- No hubo exterminio de los godos, algunos de ellos ejercieron de visires a la orden de los musulmanes. Abderramán fue el brazo armado del godo Artobás, y el godo Rabí de Al-Hakam.
- Una reconquista que dura ocho siglos no es tal.
- Al-Andalus es un primer renacimiento europeo (Kart Vossler) como lo fueron Sicilia o Venecia. Al-Andalus es un producto europeo luego Europa tiene raíces arabo-islámicas.
- La época de los reinos de Taifas no es decadente, como no lo fue la convivencia de las diversas ciudades- estado renacentistas en Italia.
- Los intelectuales judíos se expresaban en árabe en sus obras.
- Al-Andalus no es un lugar de paso o centro de traducción de obras clásicas, sino un centro creador universal y único.
- No hubo un telonazo final en Al-Andalus, como en ninguna otra cultura.
- Según la derecha reaccionaria España se forjó contra Al-Andalus; no es así pues la cultura andalusí se filtró en España y Europa a través de la aliyá (subida) judía tras la expulsión, el averroísmo y la Tercera España representada por lo conversos que permanecieron en nuestro país.
- El mito de la convivencia idílica es falso; se produjeron matanzas de judíos: en 1355 murieron en Toledo 1200 a manos de Enrique II- El trastamara, y en 1391 en Sevilla fueron asesinados 6000 y el resto obligados a convertirse. La Santa Inquisición se fundó en 1478; siete días después de la toma de Granada se produjo la expulsión de los judíos. En 1502 Se obligó la expulsión de los judíos de Castilla, y en 1525 los de Valencia. Los musulmanes sobrevivieron con el Negocio General, un impuesto de los moriscos al Santo Oficio para que no les presionase, que incluso la fe más extrema tiene intereses y comisiones. En 1502 se promulga la pragmática de expulsión de los musulmanes no convencidos. No creo que después de esto España deba ser modelo de convivencia y tolerancia entre culturas, al menos desde que los católicos llegaron a conquistar Granada, que capituló entregada por el llorón Boabdil, retirado a la Alpujarra en un principio y después a Fez donde falleció.
Ningún articulo substituye un libro así que evidentemente es a ellos donde debemos recurrir, para evitar lo expresado por un morisco tras la conquista de Granada y la situación posterior; también refleja muy bien la situación actual.
Razón duerme,
traición bela,
justizia falta,
malizia reina.
El moro dejó un tesoro escondido; hacerlo patente, nuestro, sería eliminar el enemigo sobre el que los extremistas dicen que se construyó España; si hacemos de lo opuesto una parte nuestra damos un vuelco a nuestra identidad, la enriquecemos, y revitalizamos. La memoria colectiva sigue empeñada sigue empeñada trágicamente en desdeñar 8 siglos de nuestra historia; otro como Aznar en el colmo de la ignorancia piden una disculpa por la “ocupación” islámica; más bien debemos una disculpa por nuestra intolerancia, matanzas de judíos y expulsiones; que todo político obvia como parte de España, la mal llamada de las tres culturas. Combatid la amnesia y no perded una parte de nosotros. Voy a poner mi grano de arena comentando una serie de ideas que alumbran una visión más realista de la historia de Al-Andalus:
- Al-Andalus es una sola cultura, la andalusí, no tres, y con un solo lenguaje, el árabe.
- Al-Andalus no es sólo Andalucía, también lo son Zaragoza, Portugal, Toledo, Baleares, etc.
- La conquista no se produjo en el año 711, pues no había un ejército islámico como tal. En ése año se produjo un movimiento de invasión no árabe, en el 850 el inicio de la cultura andalusí, y en 950 la completa arabización e islamización de Al-Andalus.
- No hubo exterminio de los godos, algunos de ellos ejercieron de visires a la orden de los musulmanes. Abderramán fue el brazo armado del godo Artobás, y el godo Rabí de Al-Hakam.
- Una reconquista que dura ocho siglos no es tal.
- Al-Andalus es un primer renacimiento europeo (Kart Vossler) como lo fueron Sicilia o Venecia. Al-Andalus es un producto europeo luego Europa tiene raíces arabo-islámicas.
- La época de los reinos de Taifas no es decadente, como no lo fue la convivencia de las diversas ciudades- estado renacentistas en Italia.
- Los intelectuales judíos se expresaban en árabe en sus obras.
- Al-Andalus no es un lugar de paso o centro de traducción de obras clásicas, sino un centro creador universal y único.
- No hubo un telonazo final en Al-Andalus, como en ninguna otra cultura.
- Según la derecha reaccionaria España se forjó contra Al-Andalus; no es así pues la cultura andalusí se filtró en España y Europa a través de la aliyá (subida) judía tras la expulsión, el averroísmo y la Tercera España representada por lo conversos que permanecieron en nuestro país.
- El mito de la convivencia idílica es falso; se produjeron matanzas de judíos: en 1355 murieron en Toledo 1200 a manos de Enrique II- El trastamara, y en 1391 en Sevilla fueron asesinados 6000 y el resto obligados a convertirse. La Santa Inquisición se fundó en 1478; siete días después de la toma de Granada se produjo la expulsión de los judíos. En 1502 Se obligó la expulsión de los judíos de Castilla, y en 1525 los de Valencia. Los musulmanes sobrevivieron con el Negocio General, un impuesto de los moriscos al Santo Oficio para que no les presionase, que incluso la fe más extrema tiene intereses y comisiones. En 1502 se promulga la pragmática de expulsión de los musulmanes no convencidos. No creo que después de esto España deba ser modelo de convivencia y tolerancia entre culturas, al menos desde que los católicos llegaron a conquistar Granada, que capituló entregada por el llorón Boabdil, retirado a la Alpujarra en un principio y después a Fez donde falleció.
Ningún articulo substituye un libro así que evidentemente es a ellos donde debemos recurrir, para evitar lo expresado por un morisco tras la conquista de Granada y la situación posterior; también refleja muy bien la situación actual.
Razón duerme,
traición bela,
justizia falta,
malizia reina.
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